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miércoles, 25 de julio de 2012

Jane Austen. Intertextualidad.

Se suele decir de Jane Austen que fue una escritora aislada de la influencia de otros autores de su tiempo, y de la vida social más allá de la rectoría de Steventon en la que vivía, y de la burguesía rural que conformaba la sociedad que la rodeaba.

Jane Austen vivió aislada del mundo literario: no conoció a ninguno de los autores contemporáneos ni por carta ni por trato personal. Pocos de sus lectores conocían su nombre, y ciertamente ninguno conocía más de ella que eso. Dudo que fuera posible mencionar a cualquier otro autor notable que viviera en una oscuridad tan completa. No puedo pensar de ninguno que viviera como ella, sino en muchos con los que contrastarla en ese respecto.

Memorias de Jane Austen, Edward Austen-Leigh
Esto, sin embargo, no es del todo cierto: sabemos por las cartas que se enviaban ella y Cassandra que las dos hermanas Austen viajaron con frecuencia a casas de amigos y familiares, y también que Austen estaba familiarizada con muchas de las obras que se publicaron entonces. Se puede encontrar prueba de esto en la intertextualidad que aparece en sus obras, pues a veces permite al lector formular juicios sobre los personajes, o hacer que estos  se juzguen unos a otros a través de un simple contraste en las lecturas que ellos recomiendan o los fragmentos de texto que leen. Por ejemplo, una forma de ridiculizar a Mr. Collins, en Orgullo y perjuicio, es hacerle leer a sus primas los Sermones de Fordyce, un manual destinado a formar moralmente a las jóvenes que contradecía en muchos aspectos lo que Jane Austen consideraba propio para la educación de ellas. Hay más referencias explícitas en la obra de Austen, por ejemplo, en La abadía de Northanger, que es una parodía de las novelas góticas. La protagonista, Catherine Morland, está leyendo una novela de Ann Radcliffe, Los misterios de Udolfo. Catherine es un personaje que está muy relacionado con las heroínas de novela populares de la época, aquejada de cierto tipo de quijotismo, en el que las novelas de caballerías se ven sustituidas por las novelas góticas; ve su vida como una de las heroínas, y como las novelas de Jane Austen se definen mejor como novelas de formación o Bildungsroman, Catherine debe aprender que la vida no es como se plantea en las novelas.

Sabemos, por las novelas y las cartas, que Austen leyó a autores como Fanny Burney, María Edgeworth, Daniel Defoe, Henry Fielding, Laurence Sterne, y Samuel Richardson; a ensayistas como Joseph Addison y Richard Steele o a poetas tales como William Cowper y George Crabbe. Lo más destacable, quizá, no es a quién leía, sino a quién no; faltan aquí los nombres de los románticos: William Wordsworth, Coleridge, o Lord Byron; este último brevemente mencionado en Persuasión, quizá su única novela conciertas pinceladas románticas. Pero en general, Jane Austen, en su manejo de la ironía, está más a la par con los autores del noeclasicismo, como Alexander Pope o Jonathan Swift.

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